TAIWAN
EL AZAR COMO PRESAGIO

         Hay veces en que pensamos que las casualidades no existen, que todo es obra del destino y de un plan trazado incluso antes de que veamos la luz. Hay veces, sin embargo, así lo pensamos también, que esas casualidades se dan por azar y por la mera coincidencia de un capricho de la naturaleza que nos alerta y anticipa de un futuro que en cierto modo tenía algo que ver con lo que aconteció previamente.
        Yo creo que este es mi caso. El azar, la casualidad, el capricho de la naturaleza …Hoy lo veo así. Hoy que miro hacia atrás y releo mi vida intentando buscar un …significado más profundo al hilo que marcó mi existencia de estos años en el …lejano Oriente.…
        Así fue efectivamente el comienzo de una aventura tan interesante como llena de desafíos, de temores e incertidumbres, de incomprensiones e interrogantes, pero, en cualquier caso, plena de una riqueza exquisita y delicada, de un colorido intenso en el intercambio de matices en una amplia gama en la que se cruzaban lo blanco y lo negro, lo amarillo y lo rojo, mi vida pasada y mi presente, y en todo ello haciendo un continuo boceto de mi futuro, anticipado siempre.
        ¿Por qué será que siempre que pensamos que iniciamos una aventura nueva nos sacude el miedo y la ansiedad ante lo desconocido? ¿Por qué será que no nos dejamos balancear por las nuevas olas que cubren nuestras orillas? Dicen que el miedo es libre, no hay manera de atraparlo, y que como las personas, deambula a su aire y a su estilo, viene y se va, nos atrapa y nos enreda pero, finalmente nos deja, y lo hace con un sabor amargo por la impotencia y la derrota que nos aturde y nos invade. Miedo, sí, eso es lo que yo tenía y siempre siento. Y al lado del miedo la rabia por no poder hacer frente a ese temporal de vientos y tormentas.
        En medio de ese miedo y presa de la emoción y la novedad ante lo desconocido, viajé en pleno tifón en la mañana del 20 de Agosto de 1994. Lo hice desde las islas Filipinas, uno de los últimos eslabones de la cadena colonial de España. Remontarme a mi presencia en Manila, a lo largo de unos nueve meses, es remontarme a un cúmulo de sensaciones tropicales, mezcla del dolor y la pobreza, de la desesperanza y la angustia de quienes son "desposeídos" y "desheredados" de los poderes y los protagonismos internacionales. Y sin embargo, mi presencia en Manila, mi paso por Cebú, Bohol, Zamboanga…, me traen el recuerdo de un pueblo lleno de vida, de entusiasmo y de juventud. Un pueblo lleno de una alegría extraordinaria, a pesar de no tener "nada" o "casi nada". Y este pueblo me invitaba siempre a pensar en nuestro mundo tan acelerado, en nuestros egoísmos, nuestros deseos de comodidad, de poseer lo último de lo último. Este pueblo me enseñó de modo especial a valorar la vida por la vida, el hombre por el hombre. Este pueblo me brindó la posibilidad de mirar mis propias raíces, mi propia indosincracia: en las personas, en su calor humano, en su acogida…,en los edificios, en su cultura, en su sabor hispano, en sus recuerdos históricos, en la vida diaria, en la lucha por la existencia, el calor, el tráfico, la contaminación, en las creencias tan profundas enraizadas en una larga tradición católica mezcla de fe y supersticiones…Un pueblo "lindo" me repetía a cada momento. Pero atravesé el charco que separa este pueblo de la "bella Formosa".
         Y me dispuse a comenzar una nueva etapa, me dispuse a subir un peldaño más de una escalera que se me representaba altísima y me invitaba a escalar a lo más alto y buscar arriba del todo, allá en el desván, donde se acumulan los recuerdos y las historias, el pasado singular de un pueblo tan peculiar y atractivo. El final de la escalera era un tanto "oscuro", se me antojaba un poco "en tinieblas" y me daba la impresión de caminar en una noche cualquiera de un sitio cualquiera de Inglaterra, la neblina como compañera junto a ese humo blanco que sale de las cafeterías, de los sitios de encuentros que se disponen a ser "cálidos" y a contrarrestar el blanco intenso del exterior nocturno. Que conste que nunca estuve en Inglaterra, pero así lo enseñaban los libros en la escuela. Y que conste que tampoco viajé antes en medio de esa neblina, de las tinieblas, ni en medio de una lluvia fuerte y torrencial. En plena tormenta, todos los pasajeros conteníamos nuestros estómagos para que no "bailaran" más de lo que ya lo hacían. Era un vaivén rápido, demasiado rápido, hacia arriba y luego de repente, hacia abajo. ¿Se caería el avión? Si, así parecía, aquello era increíble, y aquello nos daba miedo, si, miedo, una vez más el todopoderoso miedo que nos invade y al que no podemos controlar. La gran mayoría de los pasajeros gritaban, preguntaban qué era aquello, qué ocurría, qué pasaba. Así, sin poder dominar esa increíble situación, éramos acunados por el viento, los rayos y el agua torrencial. Increíble, si, porque en estas situaciones uno siempre termina preguntándose: ¿por qué a mí, por qué me tiene que ocurrir a mi esto? ¿Es que yo he hecho algo especial para ello? Y comienza el largo rosario de preguntas existenciales tan fáciles de formular y tan difíciles de contestar. ¿Esto estaba en el libro de mi vida? ¿Había una planificación antes de que yo viera la luz? ¿Hay algún designio divino que dispuso de todo ello? O por el contrario: ¿esto responde a un simple capricho de la naturaleza?.
        En plena angustia, en plena duda e incertidumbre, en una situación que a pesar de durar unos minutos parecía que se alargaba por una eternidad, yo lograba pensar, intentaba dar sentido a todo aquello, verle otra dimensión, otro lado. Y es así como me ví a mi misma preguntándome si este primer peldaño de esa empinada escalera no sería sino el anticipo de lo que me esperaba a lo largo de toda la escalera, hasta alcanzar el final, el ansiado desván lleno de recuerdos y nostalgias, de historias y sueños, de sufrimientos y alegrías, de la vida de un pueblo que me esperaba, que me acogía y se disponía a compartir conmigo su trayectoria y leyenda.
        Así es como aterricé en Taipei, con el presagio de lo que podría suponer estos años de estancia en la "bella Formosa". Un presagio que se ha ido haciendo real poco a poco, paso a paso, peldaño a peldaño…

    [CONTINUAR]

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