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TAIWAN
TAIPEI
Debido a la lluvia, al fuerte viento y a los efectos del tifón en general, es lógico que la
primera impresión de Taipei fuera un poco deformada
e irreal, aunque después de vivir en esta ciudad nueve años, aquella primera
impresión perdura en mi mente: esta ciudad aún se presenta ante mis ojos como
desordenada y sucia, de un tráfico caótico en el que cada día compiten coches, motos
y bicicletas, y una aglomeración de personas (la población de la ciudad es de unos
2.500.000 de habitantes) que no deja espacio ni siquiera a trazar una huella personal.
Como otra ciudad cualquiera, Taipei sufre los efectos de la
contaminación, y de las prisas, el agobio, el materialismo galopante, la
despersonalización y sobre todo, se respira la falta de "humanidad" y de solidaridad. Cada
uno se afana en lo suyo, camina buscando su sitio en la sociedad, vive persiguiendo
su propio objetivo y a veces uno no se da cuenta de que a la derecha y a la izquierda hay
personas que nos interpelan, nos preguntan, nos hablan, nos aprecian y se acercan hasta
nuestro "pedestal" en busca de algún consuelo o ayuda o afirmación.
Taipei…una parada
obligada a pensar en el significado de esta palabra. Y de nuevo, me ví subiendo las
escaleras que conducen al desván en el que conviven recuerdos y nostalgias de la historia.
Su nombre, "tai-pei" significa literalmente "plataforma del norte", y efectivamente Taipei
se halla al norte de Taiwan. Una ciudad que ha ido evolucionando favorablemente a lo largo
de estos años en los que he sido testigo de grandes transformaciones y cambios. Falta mucho
por recorrer pero es necesario hacerlo despacio para no perder el sabor de una larga
tradición cultural con el "paso" y la influencia de la modernidad.
Una de las "novedades" de estos últimos años ha sido la
inauguración del Metro de Taipei, lo que ha aliviado sin duda alguna el tráfico de la
ciudad. El metro es rápido, seguro y limpio. Me llamó la atención desde el principio que
todo el mundo come en los autobuses urbanos. Los autobuses tienen papeleras en las que los
viajeros depositan los restos de comidas o bebidas. Hace varios años, iba en el autobús
camino de uno de los colegios en los que impartía clases de español. Me ocurrió una cosa
bien curiosa. De repente, me di cuenta que algo se movía en la pared del autobús. No
acertaba a distinguir lo que era aquello, una especie de hilo fino de color marrón que se
movía sin parar. Estuve mirando este "hilo" por espacio de unos minutos, minutos largos, me
parecieron, ¿qué podía ser aquello? De repente, sin darme cuenta, mis dudas y preguntas se
vieron resueltas: una cucaracha salía de su agujero. No lo hacía sola, detrás de ella otra
y hasta una tercera, la de mayor tamaño. Cucarachas voladoras que van de un lado a otro y
de las que es inútil escapar por mucho que uno se lo proponga. Es algo que uno se lo
encuentra en las calles, en las avenidas, en cualquier rincón de la ciudad.
Los grandes edificios se mezclan con las casas típicas taiwanesas
en las que los tejados terminan en punta, hacia arriba, con el significado, según los
expertos, de que esas puntas alejen a los malos espíritus. Desgraciadamente estas casas
van desapareciendo de la ciudad. Y es una pena que el viajero de hoy no logre contemplar
uno de los símbolos de este país. Las casas taiwanesas se ordenan alrededor de un patio o
umbral grande. Suelen ser varias casas unidas por estas entradas comunes. Antiguamente el
interior de las casas no tenía paredes, era solo una pieza en la que se hacía toda la vida
familiar. Hoy esto ha cambiado y uno puede ver casas tradicionales reformadas.
Y estas casas coexisten con grandes edificios de estructura
moderna. En Taipei se está edificando en la actualidad la torre más alta del mundo, 101
pisos, una torre con forma de bambú. Pero sin duda, lo que más llama la atención para el
occidental es el azulejo que recubre los edificios y que nos recuerda al azulejo de los
cuartos de baño de una casa occidental. Es algo que choca, algo extraño y extraordinario.
Uno se admira de la estética de la ciudad, de los edificios, de las calles, y uno piensa
que está en "otro mundo", en otra cultura y que eso indica una escala de valores distinta
a la personal. Siempre había oído comentar que es necesario mantener el nivel de altura de
los edificios de una misma zona, que es necesario mantener la armonía entre las distintas
construcciones. Para un viajero, la primera impresión de Taipei es todo lo contrario. Da
la impresión de que cada uno ha construido como ha querido y cuando uno pasea por las
calles del centro de Taipei, en especial las calles que rodean la estación de tren, se da
cuenta de la "libertad" en la estética: las aceras de las calles son distintas de un tramo
a otro, cada comerciante "pone" su acera según más le guste o le convenga. Y ya que
hablamos de aceras estamos siendo muy generosos. Las aceras en esta ciudad no existen,
prácticamente no existen. Es algo impensable que una capital no disponga de aceras,
avenidas para pasear. Esto va cambiando y es parte de la evolución positiva de la que soy
testigo en estos años de estancia en Taipei y es grato ver que cada vez hay más aceras.
Las aceras en Taipei están "invadidas" de motos y bicicletas y en ellas casi no hay espacio
y uno se ve obligado a caminar por la carretera y a desafiar el tráfico rodado.
Taipei…la capital y ciudad más grande de Taiwán, se sitúa sobre la
margen oriental del río Tan-shui. Es la capital desde 1885 y creció rápidamente durante la
administración colonial japonesa de Taiwán (1895-1945), pero aún más dramáticamente después
de la Segunda Guerra Mundial. Se conserva muy poco del viejo Taipei, pero sobrevive el
mercado nocturno, con puestos para la venta de alimentos al aire libre.. Las edificaciones
históricas incluyen las murallas y puentes de la ciudad de fines del siglo XIX, así como
el adornado y colorido templo Lungshan, de unos 250 años de antigüedad, reconstruido
después de la Segunda Guerra Mundial. El museo Palacio Nacional, a unos 8 km del centro,
exhibe una espectacular colección de tesoros artísticos chinos (unas 25.000 piezas), muchos
de ellos sacados de China continental en vísperas de la Revolución Comunista de 1949.
Incluyen piezas de jade labrado objetos esmaltados y laqueados, porcelanas, artículos de
bronce, pinturas, tapetes y libros.
Taipei tiene varios parques, un zoológico y un jardín botánico con
unas 700 especies de árboles, plantas y palmas. Y todo ello se mezcla con los ruidos de
coches y motos y el colorido de los letreros de las tiendas y almacenes. Los caracteres
chinos se iluminan de noche y la ciudad se torna más china aún.
Taipei, una ciudad sin especial encanto, que mezcla la tradición y
la modernidad. Un recorrido obligado para los visitantes es la plaza Chiang Kai Sheck con
sus impresionantes edificios al más puro estilo chino, sus tejados dorados y sus
arquitecturas rojizas. La plaza es majestuosa, grande y espaciosa, y desde la entrada se
percibe el monumento a Chiang Kai Shek al cual se accede no sin antes subir una gran
escalera. Este monumento se halla en el interior de un edificio pequeño de estilo chino,
un edificio blanco con el tejado de color azul. El edificio se abre solemnemente todos los
días a las 8 de la mañana, se iza la bandera, se entona el himno nacional y se procede al
comienzo de la guardia. Los cambios de guardia es algo digno de observar para el
extranjero.
Otro edificio y plaza memorable: el dedicado al padre de la patria:
Dr. Sun Yat Set. Un edificio austero, serio, que se alza al fondo de una plaza grande y
espaciosa que cada vez acoge más a los más pequeños, todo un logro, pues en Taiwan los
niños casi ni juegan presionados por los estudios.
Sun Yat Set…, un peldaño obligado en la historia de este pueblo.
Nacido en 1866 en el distrito de Xiangshan (actual ciudad de Zhongshan), en la provincia
de Guangdong, el Dr. Sun es conocido en todo el país como un gran revolucionario y un gran
estadista que peleó en contra de la agresión imperialista y a favor de la independencia y
libertad de China. El gobierno constitucional fue la meta elemental de la revolución
nacional dirigida por el Dr. Sun Yat-sen. Se dedicó por entero a desarrollar los Tres
Principios del Pueblo y a cristalizar el espíritu de dichos principios en la Constitución
de los cinco poderes para servir como proyecto de nuestro desarrollo nacional. Durante el
transcurso de la revolución, la primera meta fue derrocar a la despótica corte manchú. Pero
después de la caída de ésta, los caudillos llegaron al poder uno tras otro. Así fue como el
Dr. Sun Yat-sen decidió organizar un ejército para acabar con los caudillos durante una
expedición al norte. El presidente Chiang Kai-shek continuó el trabajo incompleto del Dr.
Sun. Además, reunió a los revolucionarios e intelectuales para redactar la Constitución
basada en los Tres Principios del Pueblo y el sistema gubernamental de cinco poderes.
Desafortunadamente, Japón invadió China antes de la terminación del borrador,
desencadenando una guerra de ocho años. Después de que Japón fue vencido, los comunistas
chinos se rebelaron y boicotearon las preparaciones de la Constitución. El Presidente
Chiang Kai-shek tomó la valiente decisión de convocar la Asamblea Nacional para que
promulgara la Constitución, sentando las bases del gobierno constitucional en la República
de China.
Taipei, ciudad abierta al futuro, moderna en sus edificios actuales, sus calles y plazas, tradicional en sus arquitecturas de otras épocas que sin duda marcaron el ritmo de una historia y una cultura. Taipei, parte de Taiwan, mezcla de pueblos, razas y lenguas. Es obligado subir nuevamente al desván para buscar algo más de este pueblo, alguna leyenda más, alguna anécdota o similar. Los recuerdos permanecen en el desván y es fácil quitarles el polvo, traerlos al presente, a la memoria que a veces es fugaz pero que deja un paso, una huella en su tránsito rápido y efímero. Esto me disponía a hacer en mis primeros días de estancia en Taiwan.
[CONTINUAR]
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